Vas con tu coche eléctrico, controlando la autonomía, y el navegador te avisa de un radar de tramo justo cuando empiezas a apretar el ritmo. Un radar de tramo calcula la velocidad media entre dos puntos, no solo en un punto fijo. Sirve para mantener la velocidad constante durante varios kilómetros y no solo frenar al ver la cabina.
Desde finales de febrero la DGT ha activado 33 nuevos radares fijos y de tramo repartidos por vías de gran capacidad y carreteras convencionales. Durante el primer mes solo envían avisos informativos, pero después las sanciones serán plenas, igual que el resto de cinemómetros.
Dónde están los nuevos
La DGT no publica el mapa en formato “punto exacto con coordenadas en tiempo real”, pero sí ofrece listados y mapas orientativos en su web con la ubicación de los radares fijos y de tramo. Suelen concentrarse en tramos con alta siniestralidad, accesos a grandes núcleos, zonas de obras y entornos de zonas de bajas emisiones (ZBE, áreas con restricciones a vehículos más contaminantes).
Los radares de tramo nuevos se han colocado sobre todo en carreteras donde había excesos de velocidad sostenidos: largas rectas, túneles y descensos prolongados. Para un conductor de coche eléctrico esto coincide con puntos donde es fácil gastar más energía o, al revés, recuperar autonomía si aprovechas bien las pendientes.
Cómo funcionan y avisan
En los radares fijos clásicos una cámara toma una foto si pasas por encima del límite con un margen técnico pequeño. En los de tramo, dos pórticos o cámaras separados varios cientos de metros calculan el tiempo que tardas en recorrer la distancia y, a partir de ahí, tu velocidad media.
La DGT señala que estos nuevos radares envían solo avisos sin multa durante el primer mes de funcionamiento. Pasado ese plazo, el aviso se convierte en denuncia con pérdida de puntos y una multa que, en los excesos más altos, suele situarse en varios cientos de euros o más.
Además, se están probando radares remolque para controlar la velocidad en obras. Son cinemómetros montados en un remolque que se desplaza con facilidad entre tramos y se colocan donde los operarios trabajan más expuestos; ya sancionan en una comunidad con competencia propia en tráfico y el despliegue estatal se prevé para 2026 según lo avanzado.
Impacto en coches eléctricos
Si conduces un eléctrico, los radares de tramo juegan a tu favor si mantienes una velocidad estable. Una velocidad legal y constante suele dar mejor autonomía que ir a tirones, y además reduce el riesgo de multa; el truco está en fijar un ritmo ligeramente por debajo del límite y no obsesionarse con adelantar a toda costa.
En viajes largos, los nuevos radares te obligan a planificar sin prisas los puntos de carga. Mejor programar la recarga con margen de autonomía en un área previa al tramo controlado que forzar la velocidad para llegar a un cargador “in extremis”, porque ahí es donde suelen dispararse tanto el consumo como las infracciones.
Conducir para no pagar
Con tantos dispositivos diferentes la única estrategia realmente sólida es adaptar la conducción. Mirar la señal de límite de velocidad cada vez que cambia el entorno (entrada a travesías, obras, desvíos) vale más que memorizar listas de radares que se van actualizando.
Si tu coche tiene control de crucero (el sistema que mantiene una velocidad constante), úsalo en tramos largos para evitar despistes, pero ajústalo siempre un poco por debajo del límite indicado. En carreteras convencionales, donde la siniestralidad sigue siendo alta, los nuevos radares de tramo buscan precisamente evitar adelantamientos largos y excesos puntuales al salir de curvas.